LA NUBE: LA OPTIMIZACIÓN DE LOS RECURSOS DE TI DE UNA EMPRESA



La nube ya es una realidad. Las mejorías en el ancho de banda y en el poder de computo han optimizado la transferencia de la información. Pero también han creado la necesidad de tener más almacenamiento. Por las dinámicas del mercado, las empresas -sin importar su tamaño- necesitan almacenar grandes cantidades de datos.

Pero, de acuerdo con las teorías básicas de la administración, las organizaciones deberían enfocar sus esfuerzos y recursos en lo que saben hacer bien, y dejar los servicios de soporte en manos de terceros más especializados.

En muchos casos, la tecnología es uno de esos servicios que las empresas deberían dejar en manos de empresas externas. Hay varias razones para esto, pero básicamente todo se reduce a costo y eficiencia. Las empresas especializadas en tecnología pueden crear economías de escala para que sus centros de datos sean más económicos, mientras que el conocimiento de su personal hará más eficiente la implementación y el mantenimiento de la solución.

Tanto las Pymes como las organizaciones más grandes deberían estudiar seriamente migrar su infraestructura y almacenamiento a la nube. El costo es mínimo frente a los beneficios. Sin embargo, no sobra decir que la seguridad es uno de los riesgos de la nube. Pero la industria conoce este obstáculo y ya existen varias soluciones para mitigar el impacto.

Paso 1: vender la nube internamente

El encargado de la tecnología en una empresa tiene que la misión que vender una solución en la nube. Los gerentes generales seguramente pondrán trabas. Por lo tanto, hay que explicar todos los beneficios de hacer el cambio. Y así, como en todas las decisiones de un negocio, el dinero -y su rentabilidad- es el factor principal.

De acuerdo con una encuesta de Frost & Sullivan, el 35% de los encargados de TI dijeron que las restricciones de capital son el mayor obstáculo para mantener un centro de datos. Al migrar a la nube, los costos de mantenimiento y actualización quedan en manos de la empresa prestadora de servicio, liberando recursos de capital para otras áreas como investigación y desarrollo.

El mantenimiento de un centro de datos es costoso y requiere de mucho personal. Ese es un costo en el que no debería incurrir una empresa que fabrica otro tipo de producto, pues no podría aprovechar las economías de escala y terminaría asumiendo, como inversión de capital, un gasto que podría ser operacional.

Al tener un costo tan alto, la gran porción de presupuesto de TI lo ocupa el mantenimiento de los activos. La gran mayoría de organizaciones están siguiendo un modelo en el que gastan el 80% del presupuesto en mantenimiento y solo el 20% en nuevos proyectos.

Esta ilógica relación se puede mejorar con un proveedor externo de almacenamiento e infraestructura. De esta manera, una organización no tendrá que hacer las inversiones en equipos y personal, pues que la empresa de la nube asumiría dichos gastos. Además, por ser un contrato, se puede cambiar de proveedor si no se cumplen los términos. En cambio, una inversión en hardware y software fallida será un costo que se tiene que ‘comer’ la empresa.

Por otro lado, contratar un servicio de almacenamiento permite tener escalabilidad. Hay planes que permiten pagar por el espacio que se usa, optimizando completamente los recursos. Las compañías que prestan este tipo de servicios pueden hacer esto porque tienen varios clientes y pueden distribuir el espacio. Sin embargo, una empresa que tenga su propio servidor tendrá que aprovisionarse para el futuro, lo que implica que por mucho tiempo tendrá almacenamiento y poder de cómputo desperdiciado. Eso implica dinero muerto, al menos temporalmente.

Juntando todos estos argumentos y mirando los beneficios financieros, será más fácil justificar ante un comité de presupuesto una migración a la nube.

Paso 2: ¿Cuál es la nube adecuada?

Hay diferentes implementaciones para un servicio de este tipo. Hay nubes públicas, privadas e híbridas. Cada una tiene sus diferentes características, por lo que el negocio debe decidir cuál es la más adecuada. En términos simples, una nube pública implica contratar un espacio en un servidor compartido. La nube privada garantiza que el servidor no esté compartido y la nube híbrida es una combinación de las dos primeras.

La mayoría de empresas pueden optar por una nube pública, que cubre la mayoría de necesidades y garantiza el mejor precio. El precio dependerá de las especificaciones de la máquina y las diferentes herramientas de administración y seguridad que el cliente quiera. Por ejemplo, HP tiene una solución que tiene ocho unidades HP Cloud Compute, cuatro núcleos virtuales, 8 GB de RAM y 160 GB de almacenamiento. Este servidor con Linux cuesta unos 175 dólares al mes. No obstante, hay más soluciones en el mercado, y cada una tendrá sus pros y contras. Ya el negocio y el responsable de TI tendrán que decidir cuál es la más adecuada para la organización.

También hay planes básicos que solo ofrecen espacio y están al orden de los 10 centavos de dólar por 1 GB al mes. Con un poco de investigación, seguramente se garantizará que consiga el mejor precio o la mejor solución para sus necesidades.

Una nube privada tiene el gran beneficio de tener una máquina completa para la organización. Obviamente esto aumenta el precio, pero garantiza el rendimiento. Al tener una máquina completa, el negocio sabe que no está compartiendo recursos con alguien más, lo que permite tener un rendimiento óptimo. Por otro lado, tener una máquina independiente da una garantía más de seguridad. Las organizaciones más grandes pueden sacar más provecho de nubes privadas, ya que podrán correr aplicaciones de misión crítica y tener almacenamiento de datos confidenciales.

La nube híbrida permite tener una parte privada y una parte pública. Lo más importante de este tipo de solución es que el gerente de TI puede administrar las diferentes partes de la nube para gestionar los recursos disponibles. Según la encuesta de Frost, el 77% de los negocios encuestados tienen una solución en la nube o tienen planes de implementar una en los próximos dos años.

Paso 3: ¿Qué cosas hay que tener en cuenta?

Antes de decantarse por alguna de las soluciones, la empresa debería tener en cuenta una serie de aspectos técnicos y legales para garantizar el óptimo uso de la herramienta.

Lo ideal es que contrate una solución que tenga una arquitectura abierta, como OpenStack. Eso permite que en caso de tener que migrar a otro servicio, tendrá la seguridad que podrá conseguir uno que sea compatible con las aplicaciones que tiene montadas. La migración, en caso de ser necesaria, será mucho más fácil.

Una de los factores más importante son los SLA, o los acuerdos de disponibilidad del servicio. Casi todos los proveedores ofrecen SLA de 99,5%. Pero tenga mucho cuidado con los que ofrecen 100% de disponibilidad, porque por más redundancia y máquinas secundarias, nadie puede garantizar que el servicio esté siempre arriba. Las Pymes deben tener en cuenta la disponibilidad para saber cuándo se pueden hacer mantenimiento y comunicar al resto de la empresa la ‘baja’ temporal del servicio.

La redundancia es otro de los aspectos claves que hay que revisar al contratar un servicio en la nube. Todos deben saber que hay circunstancias que no se pueden prever, como cortes en el suministro de energías o desastres naturales. Por eso es necesario revisar las políticas y los métodos de redundancia que tienen las empresas prestadoras de servicio para evitar la pérdida de datos o la baja de aplicaciones de misión crítica.

Para una Pyme, el siguiente aspecto es todavía más importante. Por las condiciones naturales de una empresa pequeña, seguramente no tendrá personal especializado en la nube. Esto obliga a revisar el servicio al cliente que ofrece la empresa que venda la nube. Lo ideal es que tengan soporte 24/7 y lo asesoren en los problema que pueda presentar la solución.

Para terminar esta guía, una recomendación fundamental. La nube tiene muchos beneficios. Los hemos revisado y analizado, pero para sacarle provecho hay que tener un buen ancho de banda. Sería un error contratar un servicio de la nube para poner en la organización un plan de internet de 5 Mbps. Para sacarle provecho realmente a las soluciones de la nube, es necesario tener un buen internet, ojalá mayor a 10 Mbps.

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